He llegado a la conclusión de que en la religión, casi siempre, por no decir siempre y meter a todos en un mismo saco, pagan JUSTAS por PECADORES. El hombre hace su camino mas fácil dificultando el camino de la mujer y alegando que "es la voluntad de dios" y que "si la mujer sacrifica su vida en esta vida, obtendrá la recompensa de dios en la otra vida". Y sí, es posible que estas palabras no se cuestionen porque, en términos de fe, son palabras muy esperanzadoras y, en cierto modo, nos transmiten seguridad. Pero, ¿qué pasa con las personas que nos atrevemos a cuestionar estas palabras? Automáticamente se nos tacha de personas "descarriladas", enemigos de la religión, extraviados o, en el mejor de los casos, se nos pone la etiqueta de "ignorantes". Y digo yo, dentro de la ignorancia, ¿qué es peor, ir por la vida buscando la verdad o creerse poseedor de la verdad absoluta? Yo creo que esta reacción que tienen los grupos "religiosos" se debe a un miedo e inseguridad dentro de la religión. Pero, ¿a que le temen?¿al pensamiento, a la búsqueda de la verdad o a que la palabra de una mujer tenga el mismo peso que la de un hombre? Si bien sabemos que la mujer ha sido, es y, posiblemente, siga siendo pisoteada por el hombre en una sociedad fundamentalmente machista que disfraza su machismo bajo el nombre de dios, ese dios cuyo nombre ha sido utilizado para cometer crímenes y atrocidades no solo contra la mujer sino contra la dignidad del ser humano. Sé que al hombre le gusta controlar, tener todo controlado, le gusta poner su nombre a todo lo que encuentra, tanto material como inmaterial. Y este afán controlador le ha hecho olvidar que una mujer no es un objeto de posesión personal, una mujer sirve para algo mas que para evitar que el ser humano se extinga. Hemos vivido durante siglos envueltos en una gruesa capa a la que llaman "religión". Una "religión" llena de intereses personales, totalmente mundanales, que se aleja completamente de la verdadera religión, la religión de un dios que no tiene apellido y de una religión sin nombre. La religión de la paz, del amor y del respeto mutuo.
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