Sabrine M'farraj Ennadhy

domingo, 30 de septiembre de 2012

Homenaje al mártir Muhammad al-Durrah en el XII aniversario de su muerte.

Hoy es el XII aniversario de la muerte del mártir Muhammad al-Durrah, aunque yo prefiero llamarlo victima, victima de un mundo cruel, un mundo sin razón, un mundo controlado por cuatro bestias vestidas con trajes de alta costura y zapatos de piel de cocodrilo, que nos intentan engañar haciéndonos creer que vivimos en una democracia y en un mundo de color rosa en el que se intenta distribuir la riqueza de una manera equitativa entre los diferentes países así como se intenta resolver y evitar los conflictos de una manera diplomática. Señores, recuerdo que esta imagen la vi por primera vez en un cartel pegado en la puerta de una de las dos mezquitas que hay en Collado Villalba en Madrid. En aquel entonces yo tendría unos ocho o nueve años de vida. Todas las tardes, entre las cinco y las cinco y cuarto, cruzaba la puerta de la mezquita para entrar a memorizar aleyas del sagrado Corán. Esta imagen de grandes dimensiones pegada en la puerta pintada de un esperanzador color verde que caracteriza las mezquitas, producía en mi un extraño sentimiento, una rara mezcla de miedo, inseguridad y tristeza; esto hacía que cada vez que me topaba con la imagen, girara la cabeza hacia otro lado y acelerara el ritmo de mis pasos. Pero, por encima de esta revolución de sentimientos que se sucedía en mi interior, siempre estaba mi curiosidad, esa curiosidad que me obligaba a mirar la imagen aunque solo fuera durante unos escasos segundos, segundos que eran mas que suficientes para bombardear mi mente de preguntas, preguntas sin respuesta. Hoy, con diecinueve años de vida, aún no he encontrado todas las respuestas, pues de cada respuesta que encuentro, nacen mil preguntas. Esto, en un principio, me frustraba, pues me hundía en un mar de preguntas en el cual la marea nunca baja, solamente sube. Pero, con ayuda del tiempo, de mis profesores, amigos y familiares, me he dado cuenta de que ese mar de preguntas es el motor que me impulsa a cuestionarlo todo, incluyendo la propia realidad. Y es ese mar de preguntas el que hace que mi amor por Palestina sea cada día mil veces mayor que el día anterior. Muhammad al-Durrah, lo siento, pero estabas condenado a nacer para morir. Tal vez, tu misión en esta vida no era otra que la de enseñarnos a pensar, a cuestionar. Seguro, hoy estas entre nosotros, de una manera omnisciente, observándonos mientras te ríes de nosotros, mientras te ríes de este mundo sinsentido, de ese soldado sin principios que te robó esta vida sin saber que te estaba regalando la eternidad de tu nombre e historia que vivirán en nuestros corazones hasta el día en que nos encontremos contigo allá donde estés. 

viernes, 31 de agosto de 2012

Una religión sin nombre.

He llegado a la conclusión de que en la religión, casi siempre, por no decir siempre y meter a todos en un mismo saco, pagan JUSTAS por PECADORES. El hombre hace su camino mas fácil dificultando el camino de la mujer y alegando que "es la voluntad de dios" y que "si la mujer sacrifica su vida en esta vida, obtendrá la recompensa de dios en la otra vida". Y sí, es posible que estas palabras no se cuestionen porque, en términos de fe, son palabras muy esperanzadoras y, en cierto modo, nos transmiten seguridad. Pero, ¿qué pasa con las personas que nos atrevemos a cuestionar estas palabras? Automáticamente se nos tacha de personas "descarriladas", enemigos de la religión, extraviados o, en el mejor de los casos, se nos pone la etiqueta de "ignorantes". Y digo yo, dentro de la ignorancia, ¿qué es peor, ir por la vida buscando la verdad o creerse poseedor de la verdad absoluta? Yo creo que esta reacción que tienen los grupos "religiosos" se debe a un miedo e inseguridad dentro de la religión. Pero, ¿a que le temen?¿al pensamiento, a la búsqueda de la verdad o a que la palabra de una mujer tenga el mismo peso que la de un hombre? Si bien sabemos que la mujer ha sido, es y, posiblemente, siga siendo pisoteada por el hombre en una sociedad fundamentalmente machista que disfraza su machismo bajo el nombre de dios, ese dios cuyo nombre ha sido utilizado para cometer crímenes y atrocidades no solo contra la mujer sino contra la dignidad del ser humano. Sé que al hombre le gusta controlar, tener todo controlado, le gusta poner su nombre a todo lo que encuentra, tanto material como inmaterial. Y este afán controlador le ha hecho olvidar que una mujer no es un objeto de posesión personal, una mujer sirve para algo mas que para evitar que el ser humano se extinga. Hemos vivido durante siglos envueltos en una gruesa capa a la que llaman "religión". Una "religión" llena de intereses personales, totalmente mundanales, que se aleja completamente de la verdadera religión, la religión de un dios que no tiene apellido y de una religión sin nombre. La religión de la paz, del amor y del respeto mutuo.

sábado, 31 de marzo de 2012

El Imperativo Categórico.


El ser humano siempre ha sentido la necesidad de guiarse por algún tipo de código normativo, esto se debe a que, nosotros los seres humanos, vivimos en sociedad, coexistimos, forzosamente, los unos con los otros. Pues ya desde que nacemos necesitamos, por ejemplo, de nuestras madres para sobrevivir.

Los códigos normativos son un conjunto de normas que el hombre crea para hacer posible la coexistencia entre los seres humanos. Hay distintos tipos de códigos normativos, así, por ejemplo, encontramos el código legislativo en el que encontramos todas las normas que tenemos que seguir para mantener el orden y poder convivir entre nosotros. Este tipo de código es coactivo y penaliza al sujeto si este no lo acata. Debido a que es un código normativo de carácter impositivo, en teoría, no deja cabida a la libertad.

Otro código normativo es, por ejemplo, el religioso. Este tipo de normas tienen como fundamento a dios y también penaliza al sujeto, religioso, en caso de que no lo obedezca. Existen otros muchos tipos de códigos normativos que se basan en las tradiciones, en la cultura, etc. Este tipo de normas son muy limitadas y no son en absolutos universales, solo sirven para un grupo muy reducido de gentes.

El único código normativo universal es aquel que tiene como fundamento a la razón, la razón única y exclusivamente. Un claro ejemplo de este tipo de códigos son los Derechos Humanos, en los que se recogen todos los derechos fundamentales que garantizan el respeto a la dignidad humana. Estos derechos son universales ya que se basan única y exclusivamente en la razón. Por ello sirven para todo ser humano por el simple hecho de serlo. Los seres humanos cuando nos basamos, únicamente en la razón, siempre nos ponemos de acuerdo ya que la razón es universal. La única manera de conseguir que una norma tenga pretensión de universalidad es basándonos en la razón y “eliminando” cualquier referencia religiosa, cultural, política… así conseguiremos que estas normas racionales sean aplicables en todas las situaciones y a todas las personas.

Basarse en la razón no quiere decir despreciar cualquier otro tipo de código sino todo lo contrario. Pues la razón engloba a todos los códigos y nos permite tener una visión más amplia en todos los sentidos.

Ahora bien, ¿los códigos normativos dejan cabida a la libertad? A simple vista puede parecer que no, pues estamos subordinados a una serie de normas que regulan nuestro comportamiento e incluso nuestra forma de pensar, y esto, el ser humano, no lo soporta pues se le hace muy difícil obedecer una norma impuesta desde fuera. Por lo tanto la única manera de conseguir actuar con plena libertad y que a la vez esta libertad abarque a la norma y haya una armonía entre ambas es interpretando esta norma como un deber moral, es decir, en la obligación moral que la razón nos dicta. Solo así conseguiremos que nuestras “obligaciones” dejen de ser “obligaciones” y se conviertan en deberes morales que realizaremos con plena libertad, esto es lo que Kant llama “imperativo categórico”.